Sobrada desfachatez la mía por intentar subir a un otero para poder ver más allá de lo que podía... entre jaras y jaguarzos; encinas y carrascos... con el aroma del romero del cantueso y del espliego... izo mi cuerpo ladera arriba para acometer el dilema de la pequeñez; de la lejanía, de la cercana humanidad que se cierne sobre los valles y la indescriptible, lúgubre y espantosa seriedad con que los paisajes se pintan delante de nuestra mirada; para que apreciemos el arte del inconformismo; de la necesidad para tener ocupado todos los resquicios de naturaleza salvaje por la domesticidad de nuestros asentamientos... poblaciones enjaretadas de intrincados enramados de carreteras; caminos; cordeles... que hacen del camino cercanía, aprovechando las ventajas del terreno... locos vehículos de tantos locos otros que corren a alcanzar minutos de los otrora vecinos y ahora lejanos... llegar y ver a las familias; buscar sosiego en hogares desprendidos de elementos diversos traspuestos y sedientos de necesidad humana...
Me siento en el terruño; complacido del regalo que a la vista está para todos y cada uno de nosotros y unos pocos privilegiados entre los que me incluyo, vemos... como cuadros desvencijados de pinceladas trocheras... marcan cambios, picos, pardos, granas, blancos... rompiendo la monotonía inseguridad de la planimetría; del horizonte cercano; de los humanos mal sanos y benditos... bendiciendo sus tierras de frutos que alimentas a múltiples generaciones de horadadores de la rompiente; cortando fluviales y desinencias de libertad...

Todo ello con lágrimas mías inundando la felicidad del ha visto y oído y mira más allá de lo que le permiten esos ojos que no ven más allá de lo que querrían... saludo el vuelo de una rapaz... y descanso sin descansar la vuelta me increpo por ser juliano y derribo otra plaza de finas ramas... el descanso me reporta nuevas imágenes y disfruto con ellas.

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