miércoles, 28 de febrero de 2007

De vuelta a casa


Fulgurante fue mi salida de la oficina... necesitaba respirar aire del que respira la gente que no está encerrada en su lugar de trabajo... lo de estar encerrado lía un poco enloquece más y agudiza otros sentidos... el sentido común; las ganas de ver; de mirar; de sentir... la opulencia de la necesidad y la ultramarina cercanía de los que están más lejos nuestro... nuestros vecinos.

Andaba yo quedo; con paso firme pero seguro; indiferente a la majestuosidad de los edificios que con mi parsimonia mueven el marco de la imagen disuasoria móvil y difusa del continuo ciudad-tiempo-ganas... y oh! majestuosa figura de ancianita de quince años reverenciando un tópico de riguroso protocolo...

La miro... sin vergüenza ninguna... me mira con desprecio y me entra un encantador desconsuelo al pensar en las posibles reflexiones que el desencuentro pudo producir en su sistema de viscosidad neuronal; capaz de provocar semejante semblante... mi traducción directa... '¡menudo gilipollas!... ¿se creerá que tengo monos en la cara...?' es posible... que lo pudiera yo creer, pero no;

Dibujaba con un pincel de mirada un nuevo cuadro de sentimientos encontrados... por supuesto después de esto tropecé y cual gacela de dos mil toneladas de diáfana 'gaceleidad' topé con mis huesos en el blando empedrado...

Hay que levantarse y estirarse, y demostrar nuestra perfilación de la situación... por supuesto que la interfecta apretó el paso y desapareció en la siguiente esquina...

¡Que barbaridad y yo sin despertar aún a la humanidad...!; sigo andando y empiezo a tener desmesurados encuentros con cantidades ingentes de ojos que miran sin observar, a lo que su alrededor pierden... asociados a rostros de singularidades humanas, tan impresionantes, que da fulgor y ganas de seguir mirándolos... y por supuesto decorando nuestro cuadro... no hemos llegado a nuestro final de trayecto...

Recupero el aliento y empiezo a mirar el marco... que magnificencia de esbeltas fachadas impuras... inmundas, impías... bellas; maceradas con el tiempo... esculpidas y decoradas con apósitos excreméntales avícolas; pulverizadas con los aires insanos de carruajes infames de proceloso sonido y bien armados de corazas de irreflexivo orgullo y peor carácter... impresionante... ¡qué barbaridad! ¿volveremos a empezar...?
Llego a la cueva del gusano recaudador de espaciosLlego a la cueva del gusano recaudador de espacios, recorro el gusano y por sus intestinos llego hasta el destino final...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué tal, gusanillo?

Anónimo dijo...

dia lioso hoy, eh?

fer dijo...

Os ha gustado?

Gracias por vuestros comms...

fer

Anónimo dijo...

oh...un poeta urbano... ;-)
jejeje! si, me ha gustado,

besis